¿SON JUSTAS LAS LEYES?
¿SON JUSTAS LAS LEYES?
Tras introducirnos en el barroco con el gran Lope de Vega, el día de hoy saltamos al periodo de la Ilustración para hablar de una de las grandes obras de teatro escritas durante este periodo por el escritor, político y jurista español Gaspar Melchor de Jovellanos.
Estoy hablando de nada más y nada menos que de su gran obra "El delincuente honrado". En ella se nos presenta un gran tema de profunda reflexión: ¿Son justas las leyes? Un tema al parecer complejo, pero que Jovellanos no tiene ningún pudor en tratar, llegando a elaborar una crítica constructiva a las leyes para demostrar como estas pueden ser a veces injustas dentro del panorama de la honra y la reputación de uno mismo.
Jovellanos, por su parte, fue un personaje muy importante dentro de la Historia de España, concretamente durante La Guerra de Independencia (1808-1814). Jovellanos era considerado un liberal pero también era un patriota. Entre sus ideas más destacadas, pero también mas controversiales están la de conectar las creencias religiosas, no supersticiones, con las ideas ilustradas, reivindicó también un progresismo no revolucionario y la participación del pueblo en los procesos legislativos a través de las Cortes. En general, era una adelantado a su época que llevaría mucho más adelante a los españoles a una democracia más o menos decente.
Su propósito ideado era mantener un modelo de gobierno intervenido y controlado por el Estado, retirando leyes lesivas, es decir, actos o demandas que causan una ruptura en derechos a un sector o grupo de la población manchando su honra y reputación. Esto es un poco lo que Jovellanos nos quiere enseñar en su obra y en lo que más voy a profundizar, con especial atención a nuestro sistema político y judicial actual que deja mucho que desear.
El protagonista de su historia es Torcuato, un hombre cuya reputación y honra está empapada tras matar al marqués de Montilla en un duelo y casarse con Laura, su esposa. El único que sabe lo que sucedió exactamente es su amigo Anselmo, que le dice que no se preocupe por nada y que no hay ninguna sospecha que pueda delatarle. No obstante, todo cambia cuando el criado del marqués es arrestado y puesto a disposición judicial, algo que atemoriza a Torcuato que piensa en abandonar a su mujer, a su suegro y a su gran amigo, y marchar a Madrid en busca de una nueva vida. Sin embargo esto solo es el principio, ya que todo se pone más complicado para su protagonista, cuando su propio amigo es arrestado y Torcuato decide quedarse para poder defenderlo a capa y espada ante un crimen, del cual su amigo no tiene nada que ver. Torcuato, mientras pasamos las paginas, podemos pensar que es la viva voz de Jovellanos que reflexiona sobre si las leyes son justas y si las mismas benefician los sentimientos y la hipocresía por encima de la razón y la libertad.
Mientras tanto, Anselmo, su mejor amigo, representa la otra cara de la moneda. Anselmo es esa cara bonachona y vacía de penumbra, cargado de una actitud optimista que pelea con la visión fatalista propia de Torcuato, llegando a asegurarle que él no es culpable de nada y que todo este disparate es debido al marqués por su fuerte carácter. Anselmo es un personaje muy al estilo ilustrado, cuestionándose las cosas constantemente creando un fuerte pensamiento crítico para poder ayudar a su gran amigo.
Anselmo es la clara imagen de ese amigo que está ahí en las buenas y en las malas, que sabes que no se va a ir nunca y que te va a estar apoyando en cada paso que des y en cada decisión que tomes. Tanto es así que es gracias a él, gracias a su solida amistad, finalmente Torcuato no es sentenciado a morir. Anselmo es ese amigo que si le dices que te vas, él se va contigo o no te deja marchar. Anselmo es ese dicho de ¿si tú amigo se tira por un puente, tú también te tiras? Anselmo es ese tipo de persona que lo haría, al igual que muchos de nosotros que haríamos lo que fuera por alguna persona de nuestro entorno a la que queremos mucho y no podemos dejar marchar, puesto que una vida sin esa persona, es como un bosque sin hojas, sin el ruido de los animales y sin ningún espíritu más que tú soledad. Esta claro que la vida no tendría sentido sin esa persona y tristemente, en este presente llamado vida, es muy difícil encontrar a una persona tan fiel y querida como Anselmo lo es a Torcuato.
En cuanto a Laura, viuda del marqués y la actual esposa de Torcuato, tiene una complexión de una mujer afortunada desde que murió el marqués. Como podemos ver en la obra, ella no era feliz con el marqués y ahora su vida es mucho mejor con su querido esposo Torcuato. Pero ella no es consciente que su marido tiene empapado de sangre sus manos, al igual que su honra y reputación. Ella solo quiere poder vivir una vida normal, algo que le era imposible con el marqués con quien no tenía personalidad propia y por supuesto no era querida. Laura es ese tipo de mujer que acaba de salir de una mierda de situación y ahora que tiene una vida sana con un hombre que la quiere, desea quedarse en ese sentimiento para siempre, aunque eso le cueste la vida. Al principio, ella no es consciente de lo sucedido, pero cuando Torcuato se lo cuenta porque no aguanta más, Laura le defiende y le seguirá queriendo pase lo que pase. Ella es consciente de que el marqués era un cabrón y ahora que es feliz con Torcuato va a hacer todo lo posible por estar con él. Laura sabe como era el marqués y es sensata, pensando en que si Torcuato lo mató seguro que fue por provocación de su maldito y asqueroso esposo difunto. Esta claro que Laura, al igual que Anselmo, entra en ese juego de crítica hacia un sistema judicial completamente injusto que apoya y aplaude a los valientes y provocadores y acobarda y castiga a los temerosos y apacibles.
Además, quiero destacar que el personaje de Laura me recuerda mucho al cuadro de "La lechera de Burdeos" de Goya con esa mirada pensativa reflexionando sobre quién sabe que. Ese fondo oscuro podría reflejar el pasado oscuro de Laura, pero también podemos vislumbrar una pequeña luz que ilumina y podría ser ese rayo de esperanza ante la vida trágica que ha vivido la pobre Laura. Ese rayo de esperanza sería Torcuato, con quien es feliz. El cuadro me transmite ese fuerte patetismo cargado por Laura durante toda la obra cuando se entera de que su esposo Torcuato está en grave peligro y hará lo que haga falta por salvarle. Laura es una clara imagen al Romanticismo, mostrando una exaltación de sentimientos absolutamente brillante y desoladora al querer a una persona cuya vida corre un grave peligro. Podríamos incluso pensar que Laura llevaba presa durante mucho tiempo buscando ansiosamente su libertad, algo que por fin tiene y de lo que se siente orgullosa y, por supuesto, no quiere deshacerse de ella. Por todo ello no hay nada como este maravilloso cuadro para poder describirla mejor.
Por otro lado, tenemos a Justo, alcalde la casa y la corte, y Simón, corregidor y padre de Laura. Estos dos personajes son muy diferentes a los demás, debido a sus pensamientos absolutamente conservadores. Justo y Simón les gusta seguir las leyes a raja tabla y creen que el que mata debe ser juzgado por asesino y pecador, sin tener en cuenta razones de más que han podido llevar a ese caso.
Son conservadores en todo y cuando hablan con Torcuato sobre el tema jurídico, el cual conocen los dos perfectamente, se escandalizan ante las aberraciones que suelta Torcuato, asegurando que la ley no es justa y que necesita una remodelación. Simón se lo toma a gracia al ser su yerno, mientras que Justo lo toma como una persona que simplemente no sabe otra cosa que soltar disparates.
Sin embargo, el personaje de Justo es muy interesante en este punto, porque sería él mismo quien terminaría comiéndose sus propias palabras al enterarse de que Torcuato es su hijo natural y que ha sido él quien lo ha condenado a la muerte. Justo entra también en ese fuerte patetismo, muy romanticista por su parte, al expresar sus sentimientos de dolor y frustración al haber condenado a la muerte a su hijo y no poder hacer nada por salvarlo
No puedo continuar, sino digo que Justo me recuerda mucho al cuadro "Anciano en pena" de un grandísimo pintor como lo es Van Gogh. Esa fuerte pena, tristeza y con las manos en los ojos simbolizan la tristeza, pero también un acto de equivocación en el que no hay vuelta atrás y ya es demasiado tarde. Justo está avergonzado por lo que le ha hecho a su hijo y sabe que no se lo perdonará nunca. Lo único que puede hacer es decir sus últimas palabras y despedirse de él antes de que sea demasiado tarde (por suerte nada termina en tragedia).
Y para terminar, ahora que estamos hablando de leyes, la justicia, la honra y la reputación, me parecería una equivocación no indagar en aspectos del mundo real que generen una fuere controversia y que también guarden cierta relación con las ideas expuestas por Jovellanos.
En nuestro día a día somos muchos de nosotros los que defendemos la vigencia o el derrocamiento de muchas leyes. Puede que estas nos afecten o no, pero ese no es el punto. El caso es que el ser humano es hipócrita por naturaleza y nos encanta quejarnos todo lo posible hasta que una ley nos empapa a nosotros mismos o a alguien cercano.
Por poner un ejemplo, muy ligado al "Delincuente Honrado", la pena de muerte es vista por muchas personas como una ley completamente necesaria y que debería incluirse en muchos países donde aún no es vigente, como es el caso de España. El problema de muchas de estas personas, completamente hipócritas porque así funciona el ser humano, hablan sin conocer o saber, como si simplemente pudiesen dar su opinión. Esto es absolutamente peligroso porque toda esta gente que hace estos comentarios, muchas veces no es consciente de todas las personas que son asesinadas por pena de muerte y sobre todo no son conscientes de las familias y amigos que hay detrás. Muchas personas han podido perder a un ser querido justamente o injustamente mediante esta condena, porque si, ¡LAS LEYES SE EQUIVOCAN! Y no me voy a parar aquí a defender si la pena de muerte es valida o no, pero toda esta gente que suelta ese tipo de comentarios que reflexione y piense que seguramente a ellos mismos si estuvieran en esa misma situación preferirían no recibir este tipo de comentarios.
Lo que si quiero recalcar es que las leyes, como muy bien nos enseña Jovellanos, están rotas y hay que modificarlas y cambiarlas urgentemente. El pueblo merece más representación, algo que a día de hoy solo tenemos cada cuatro años cuando vamos a votar y nos conformamos o resignamos con el partido o los partidos que salen y elaboran nuestras leyes sin consultar con la ciudadanía. Y no nos podemos quedar callados porque estamos en pleno siglo XXI y no en la Edad Media con la Inquisición. Debemos tener leyes que respalden a todos y eso incluye los derechos humanos. ¿Y que tiene que ver esto con Jovellanos y con "El Delincuente Honrado"?
En su obra se discute el tema de la honra y la reputación. Si recordáis, Torcuato termina asesinando al marqués por las amenazas que recibe por su parte. Y esto es igual de valido en nuestra época contemporánea. Nadie merece quitarte la honra, ni la reputación, ni tu diversión, ni tus ganas de aprender, ni tu forma de ser. Como decía Jovellanos, TODOS merecemos partir de las mismas oportunidades pudiendo tener una educación pública de calidad. Y nadie merece odio, ni amenazas por ser quien es. Obviamente Jovellanos refleja este tema mediante el asesinato porque en la Edad Media los duelos eran muy habituales, pero si llevamos esto a la práctica en nuestro día a día, esto se traduciría en una lucha constante en la calle y centros de trabajo para poder conseguir por una vez por todas unas leyes que permitan a los ciudadanos ser libres y poder decidir que hacer con sus vidas sin que un maldito órgano político o una persona les diga nada.
Jovellanos parecía muy contemporáneo y muy peculiar para ciertos puntos, y yo me pregunto: ¿Estaría orgulloso de nuestro mundo? Puede que si o puede que no. Nunca lo sabremos.
Sin embargo, la pregunta que yo formulo es diferente. Con todo lo que ya tenemos es suficiente o







Ay, Guille, qué razón. El hablar sin saber es una enfermedad muy grave que arrasa la humanidad.
ResponderEliminarSi podremos cambiar el mundo no lo sabemos, pero tenemos tantas ganas que ¡nosotros nos lo vamos a comer! ¿A qué sí?