CÁNDIDO Y SU IRONÍA AL MUNDO
En el día de hoy, aún dentro de la línea de la Ilustración, vamos a hablar de una obra filosófica escrita por el filosofo ilustrado francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire. La obra en concreto es Cándido, donde se recogen la vivencias de su protagonista, una vez es expulsado del hermoso castillo de Vestfalia por besar infraganti a la hija del barón, Cunegunda. En su largo viaje se irá encontrando con numerosos personajes, algunos nuevos y otros a los que daba por muerto, mientras observa que el mundo fuera de Vestfalia puede ser cruel y desdichado pero tampoco como lo pintaba su maestro Pangloss.
Sin lugar a duda Cándido es una obra que se mueve dentro de los cauces programados de la Ilustración, donde se ensalza la autonomía del individuo para que pueda desarrollar un pensamiento crítico, los problemas planteados tienen una finalidad humana intentando encontrar respuesta a las grandes cuestiones y estos tienen o deberían ser universales para todos. Indudablemente una historia muy motivadora que hace que nos preguntemos si vivimos en un mundo libre donde poder aplicar las prácticas de la Ilustración o, por lo contrario, vivimos sumidos en la desgracia más absoluta y que parece no tener fin. ¿Vivimos en el mundo de Cándido? Una cuestión muy interesante que no pretendo dejar aquí y abordaré más adelante.
Cándido es un personaje que está muy influido por el optimismo de su maestro Pangloss. Sin embargo, la realidad de Cándido está condicionada por una sucesión de causas y efectos, donde va cuestionando todo lo que ve a su alrededor ligado a ese optimismo que le permite crear un pensamiento crítico y propio. Todo el recorrido en el que se enmarca Cándido en busca de su amada le hará darse cuenta que el mundo a veces puede ser cruel, pero Voltaire consigue, con gran acierto, parodiar ese positivismo absoluto que tiene el maestro Pangloss, representando la filosofía de Leibniz. Esto hace que Cándido, a pesar de la muerte de sus amigos por el camino y ser torturado o maltratado en numerosas ocasiones, en ningún momento pierde la calma y sigue viendo el mundo con optimismo pensando que su situación podría estar mucho peor.
Sin embargo el mundo de Cándido está lleno de injusticias. Si recordamos el personaje de Jacobo, quien ayudó a Cándido y a su maestro a llegar a Lisboa, termina muriendo en el maremoto de Lisboa, cuando trata de ayudar a un marinero y éste lo sacrifica para poder salvarse a si mismo. Sin lugar a dudas, este hecho pone de manifiesto lo injusta que es la sociedad y muestra que quién trata de hacer cosas buenas para los demás, termina siendo el más castigado.
En Lisboa se reencuentra con su amada Cunegunda, pero se ven obligados a huir del país dejando atrás al maestro, al que daban por muerto. Deciden marcharse a América, pero antes pasan por Cádiz para coger un barco y durante el camino en barco, Cándido conoce a Cacambo. También se encuentran con una vieja que les cuenta todas sus desgracias, lo que les tranquiliza a Cándido y a Cunegunda que piensan que podrían estar en peores condiciones.

Durante su travesía en América son numerosas las desgracias que se encuentran. Son espectadores de la tiranía del gobernador de Buenos Aires, quien elige quedarse con Cunegunda por su belleza, mientras Cándido tiene que huir de la justicia porque le buscan tras dar muerte a las personas que tenían retenida a Cuengunda en España. Cándido, repleto de desgracias huye con Cacambo al reino jesuita, y allí se encuentra con el hermano de Cunegunda, al que daba por muerto. Cuando le presenta sus deseos de casarse con su hermana, éste se niega y le intenta pegar, pero finalmente es asesinado por Cándido, que tiene que volver a huir antes de ser descubierto. Ya en una bella pradera Cándido ve como dos monos están persiguiendo a dos amadas y decide darles caza, pero una vez los ha matado se da cuenta que en verdad los monos eran los propios amantes de las mujeres. Para más desgracias, cuando Cándido y Cacambo son apresados por los Orejones que están en plena batalla contra los jesuitas; aún así, gracias a Cacambo, que convence a los Orejones de que Cándido no es jesuita y además han matado a uno de ellos consiguen la libertad.
Tras numerosas desgracias, exhaustos y hambrientos, consiguen llegar a El Dorado, ese jardín idílico y perfecto para Voltaire, donde no hay peleas, se reza en casa y la injusticia no cabe en su diccionario. Parece el mundo perfecto para vivir, pero Cacambo y Cándido están cansados de no hacer nada y que el mundo este quieto, por lo que pasado un mes piden al Rey poder marchar cargados de oro, en busca de su objetivo, Cunegunda.
Cunado llegan a Surinam ven la fuerte desgracia que recae sobre algunas personas, viendo a un pobre hombre negro sin una pierna y una mano como consecuencia de la explotación de los propietarios blancos de las plantaciones. En este momento los caminos de Cándido y Cacambo se separan para poder encontrar a Cunegunda y citarse en Venecia lo antes posible. Es en este momento cuando aparece en el camino de Cándido un filósofo pesimista, Martín, todo lo contrario a Pangloss.
En su viaje hacia Europa, Martín expresa su fuerte pesimismo en el mundo, asegurando que existen dos principios, el bien y el mal (Dios y el diablo), y que estos se disputan entre si. Según él la tierra está sumida en el dominio del mal lo que provoca tantas desgracias.
Cuando llega a Europa, concretamente a París, se encuentra una vida fría, llena de penuria, donde las personas solo se acercan a él por un interés económico y nunca afectivo. Además, junto a Martín, visitan la casa de un hombre que rodeado de todo tipo de lujos, no tiene ningún interés por saber nada y se muestra absolutamente desidioso.
Más tarde en Inglaterra, donde ni siquiera desembarca, es testigo de la ejecución de un almirante, lo que acrecienta lo desgraciados que son algunas personas, mientras otras están mucho mejor.
Esto último se nota de manera muy clara tras su llegada a Venecia, donde se encuentra con numerosos reyes ya destronados, pero que pone de manifiesto el poder y la riqueza que tiene unos sobre otros. Sin lugar a dudas, una de las escenas más interesantes de toda la obra y que te hace pensar y cuestionarte cuanto de injusto es nuestro mundo.

En Venecia se encuentra, además, con Cacambo ahora esclavo de un rey, pero finalmente los tres, Cándido, Martín y Cacambo, marchan a Constantinopla, donde Cunegunda está como esclava junto a la vieja del principio de la historia. En la nave se encuentran como esclavos al maestro Pangloss, que había sido mal ahorcado, y al hermano de Cunegunda. Finalmente los libera para que dejen de estar oprimidos de una vez por todas. Todos llegan a Turquía y allí se encuentran a una Cuengunda fea y envejecida. Al final, tanto ella como la vieja son liberadas, y Cándido se casa con Cunegunda, aunque su hermano se opone y se deshacen de él. En cuanto a Pangloss, éste comienza a perder su característico pesimismo, haciendo referencia a ese hermoso jardín en el que viven ahora, donde cada uno debe adornarlo y cuidarlo a su manera, puesto que es la filosofía y los conocimientos de cada uno lo que se debe priorizar.
Sin lugar a dudas, esta gran obra de Voltaire nos enseña como de cruel puede ser el mundo y las personas que lo gobiernan. Una obra que la podríamos comparar perfectamente con todo el entorno que nos rodea. Por todo esto, creo necesario dar un pequeño mensaje, intentaré que sea esperanzador, para mostrar como nuestro mundo no es ese precioso jardín idílico del que nos habla Voltaire, sino una cruenta batalla, llena de injusticias, crueldad y muerte, donde los lemas de la Ilustración están ocultos bajo tierra.
Durante los últimos años, el mundo lleva acarreando numerosas desgracias, desde una pandemia, numerosas guerras y una economía cada vez más debilitada. Incluso se ha oído la inminente noticia en numerosos medios de comunicación, que podríamos estar entrando en una Tercera Guerra Mundial, siendo esta la más cruel y explosiva si las comparamos con sus antecesoras. Pero mientras todo esto pasa parece que nosotros los humanos no hacemos nada. Me remito a la obra de Cándido, donde podemos ver como ciertos personajes sufren grandes desgracias, mientras otros viven dentro de su inconformidad o absoluto poder. Esto pasa a día de hoy y tenemos que acabar con ello. Todas las personas merecen ser libres y tener los mismos derechos. No podemos dejarnos influir por personas que nos condicionan, sino que tenemos que desarrollar un pensamiento crítico por nuestra cuenta. Tampoco deberíamos hablar desde nuestra posición de privilegiado, si es solo para criticar numerosas desgracias que ocurren fuera de nuestras fronteras y no intentamos hacer nada para pararlas.
Debemos conseguir la paz en el mundo, y eso lo tenemos todos claro. Pero todo eso no se consigue si seguimos teniendo a grandes mandatarios que lo que quieren cada vez es más y más poder, sin importarles todo lo que se lleven por delante. Con todo esto no pretendo hacer alusión a ningún político, pero si quiero transmitir que todos nosotros como humanos deberíamos pensar en el bien común, la libertad de todos las personas oprimidas en el mundo, sobre todo las mujeres, y luchar por un mundo mejor donde todos podamos convivir en paz. La búsqueda del jardín idílico, lo llamaría. Y tú,
¿Te unes al cambio?
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