¡AY CARLITOS QUE DESDICHADO!

 ¡AY CARLITOS QUE DESDICHADO!

En el día de hoy, seguimos dentro de la línea del Romanticismo con uno de los grandes poetas y dramaturgos que tuvo la Alemania del siglo XVIII. Estoy hablando, sin lugar a dudas, de Federico Schiller y su gran obra teatral, que voy a comentar a continuación, Don Carlos, Infante de España.



Schiller, cuando escribe esta obra, busca lo exótico, llevando la obra hacia épocas pasadas, concretamente a La Leyenda Negra de España comenzada con Carlos I y que continua con Felipe II. Además Schiller tiene grandes ideas sublimes que plasma en su teoría de la tragedia, en la que apuesta por un espíritu inconformista y la resistencia hasta el final de todo aquello que oprime al hombre. Asegura que la tragedia es un desafío moral que compromete a aquél que lo sostiene y que son las fuerzas las que lo oprimen para que no pueda realizar su idea. Para entendernos mejor, sería la idea del fanatismo hasta alcanzar una idea por muy dura que sea. Como curiosidad, estas ideas si las tomamos muy a la ligera en nuestro día a día pueden llevarnos a la construcción de regímenes fascistas, completamente opresivos. Y con todo esto va a jugar Schiller para construir su obra Don Carlos, Infante de España, llena de fatalidades, momentos reconfortantes e incluso me atrevería a decir de liberación en algunos momentos.



La historia gira en torno a Carlos, hijo de Felipe II y heredero a un inmenso imperio, que vive sumido en el desánimo, puesto que la mujer que ama, la reina, está casada con otro, el rey. Carlos se verá envuelto en una fuerte trama donde intentará romper los vínculos matrimoniales y contravenir las leyes naturales, mientras que su gran amigo el Marqués de Poza hará lo que sea necesario, hasta ganarse el favor del rey si es posible, para conseguir la liberación de los Países Bajos a través de la sublevación. 
Dos historias entrelazadas que consiguen combinar muy bien las emociones y la intriga con el drama sangriento que clausura la obra.

Es muy interesante como Schiller nos enseña a un Don Carlos completamente inestable e idealista que depende emocionalmente de todo lo que ocurre a su alrededor, mediante su amor a la reina y esa fuerte amistad, podría decir platónica en algunos casos, hacia su amigo el Marqués de Poza. Por otra parte, el entorno que rodea al rey se caracteriza por su sobriedad y rectitud. Felipe II se nos presenta como un fuerte y poderoso rey, pero que a la vez tiene una fuerte carga sentimental y sufrimiento humano al no entender lo que le sucede a su hijo. Además todos sus consejeros, como el Duque de Alba, encarnan los problemas del reino apareciendo en escena solo para contar lo mal que está todo y mostrar la parte más humana del rey que se ve desbordado hasta cierto punto. 

Como he dicho anteriormente, el desarrollo de la historia se subdivide en dos tramas: El amor imposible de Carlos con su madre, la cual no contempla ningún tipo de casamiento, puesto que aunque no esté enamorada de su marido fielmente prefiere respetar el honor real; y la revuelta de Flandes que es abordada por el Marqués de Poza, en gran medida, y otros sectores de la corte.


Tengo que asegurar que la historia al principio se puede hacer lenta y un poco tediosa, pero tras la revelación del enamoramiento de la Princesa Éboli a Don Carlos y la intención del rey de casarlos, la historia toma un punto desenfrenado ocurriendo numerosos eventos en muy poco tiempo que hacen muy entretenida a la obra y que me recordaron mucho a Hamlet de Shakespeare o a El Castigo Sin Venganza de Lope de Vega.

Desde este momento y por vía de numerosas cartas que llevan a malentendidos y equivocaciones el rey empieza a sospechar que su hijo y su esposa tal vez están tramando algo, por lo que se envuelve en un fuerte grado de locura y obsesión, que encarga al Duque de Alba y a Domingo la investigación del asunto, acrecentando la tensión de la obra.

Mientras Carlos está envuelto en sus pensamientos y amores, su gran amigo, Poza, le deja de lado para poder seguir su cometido, que le terminaría costando la vida. Poza busca esas ideas ilustradas en los Países Bajos para poder conseguir  la liberación de Flandes, puesto que la libertad de los Países Bajos funcionaría como símbolo de la libertad universal.

El Marqués de Poza decide reunirse con el rey y consigue obtener su favor, convenciéndole de un mejor gobierno hacia su persona donde todo el pueblo le adore, mediante las ideas humanistas e ilustradas en lo que corresponde a Flandes. Por otra parte, Carlos se aleja cada vez más de su gran amigo creyendo que sus ideas se han vuelto locas e imposibles.

Sin embargo, el momento de mayor tensión de la obra es, sin lugar a dudas, el encuentro del rey y la reina junto a la infanta. Los lectores somos conscientes y espectadores del drama familiar que empapa la escena. Es además, en este preciso instante, cuando se descubre todo el pastel. La reina confiesa el intento de cortejo de su hijo Carlos y, por lo tanto, el deshonor al propio rey. Una escena que no para de subir, en cuanto a intensidad, finalizando con la reina tendida en el suelo fuertemente herida tras el golpetazo propinado por su propio esposo. 


Tras la grave revelación, es el propio Marques de Poza quién decide encarcelar rápidamente a Carlos, quien duda de una supuesta traición y que su gran amigo está compinchado con el rey, pero que más tarde se descubre que lo hizo para poder proteger a su gran amigo de las garras de otra mujer como Éboli. En cuanto a Éboli, podemos suponer que fue desterrada por sus pecados. Ya en la prisión, Carlos y Poza se reconcilian. Entonces Carlos es liberado por parte del rey ante lo que había sido al parecer una equivocación. Una vez liberado Carlos, él y Poza hablan a solas de lo acontecido con la revuelta de Flandes. Lo que no sabía Poza es que sus suerte ya estaba echada, puesto que había mandado una carta a Flandes con el objetivo de preparar la revolución cuanto antes, pero esa carta pasa, en primer lugar, por el Correo Real, por lo que estarían a pronto de descubrirle. En la misma conversación Poza le asegura a Carlos lo feliz que está de poder verle libre y le dice, antes de caer al suelo y morir, que piense en su salvación y que su madre ya lo sabe todo. 

Tras la sentimental muerte del Marqués de Poza, Carlos está fuertemente destrozado al perder a quién consideraba su hermano. Mientras todo esto ocurre, Madrid se levanta en revuelta ante el rumor de que el Infante se encontraba encarcelado, pero también como respuesta a la fuerte represión política, completamente tiránica, por parte del rey. Don Carlos sabe que es lo que tiene que hacer, y no es quedarse de brazos cruzados, sino marchar a Flandes y seguir el legado de su gran amigo hasta acabar con su padre de una vez por todas. Antes de marchar decide ir a los aposentos de su madre, puesto que es lo único que le consuela en ese momento. El Rey y el Inquisidor habían hablado antes sobre todo lo acontecido, y mientras Carlos y su esposa hablaban tranquilamente con señal de despedirse, el rey entra duramente a la escena asesinando a madre e hijo y finalizando de una vez por todas a la conspiración y conjura palaciega. 


Hasta aquí esta gran historia de Schiller que nos pone de manifiesto todas las ideas románticas, ya antes mencionadas. Aún así, me gustaría destacar al personaje del Marqués de Poza que lucha por la liberación de los Países Bajos ante una fuerte represión política, pero también ante una fuerte imposición religiosa inspirada por el calvinismo. Flandes se levanta para poder pedir la reforma protestante o protestantismo impugnado por Martín Lutero, que creía que la religión necesitaba una reforma urgente en la que todo el mundo pudiera creer en la Biblia o en la Palabra de Dios, sin la necesidad de pasar por manos de la Iglesia.

Ya para finalizar, me gustaría poder introducir mi opinión sobre el papel que juega la monarquía y la religión en nuestro día a día. En cuanto a la monarquía, hablado desde una perspectiva actual, siento que es una institución completamente medieval y obsoleta. El gobierno de un país, jamás debería estar en manos de una persona, como puede ser un rey, sino del pueblo e su conjunto y sus respectivos colectivos. Por lo que respecta  al religión, cada uno es libre de pensar lo que quiera mientras no moleste a nadie. Y no me alargo mucho más porque este tema prefiero tocarlo con la novela de Pepita Jiménez de Juan Valera.

Tengo claro que el Marqués de Poza es mi personaje favorito a lo largo de toda la historia, a pesar de su trágico final. Es un personaje fuerte y decidido, un personaje que no le tiene miedo a nada y que hará lo que sea para conseguir sus objetivos. Es una pena que no haya mucha gente como él ahora en el mundo. Es tarea de todos luchar por conseguir la liberación de todos los pueblos oprimidos ante un fuerte sistema político o religioso que no permite a sus habitantes desarrollarse con total libertad. Y ahora te pregunto a ti. Y tú 

¿Hasta que extremo llegarías para conseguir tus objetivos vitales?





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