MUCHA AVARICIA Y POCOS SENTIMIENTOS
MUCHA AVARICIA Y POCOS SENTIMIENTOS
¡Hola de nuevo! El día de hoy, antes de pasar a comentar al magnífico Shakespeare, vamos a pararnos a comentar una gran obra teatral del periodo barroco. Estamos a punto de sumergirnos en un mundo lleno de avaricia con pocos sentimientos. Y la pregunta, que yo creo que todos nos hacemos es: ¿Nuestro mundo se rige por la avaricia o por el contrario antepone los sentimientos en primer plano? Aunque parezca una pregunta sencilla que todos nosotros podríamos hacer, Moliere, el gran dramaturgo francés, ya la formuló y cuestionó en el siglo XVII en su comedia teatral "El avaro".
Para ponernos en contexto, en esta historia encontramos Harpagón, un viejo avaro que complica su vida y la de quienes le rodean, dominado por su avaricia con el dinero. Principalmente, este va a ser el hilo conductor de la historia. Algunos personajes como Cleantes y Elisa, hijos de Harpagón, son los más castigados por la codicia de su padre que incluso les impide casarse por su voluntad. El caso más claro es de su hija Elisa, a la que Harpagón quiere dar en matrimonio a don Anselmo, un viejo hombre y rico con él que tendría la vida resuelta. Sin embargo, Elisa está completamente enamorada de Valerio, un joven que la salvó de un accidente y ahora trabaja como sirviente de Harpagón para estar cerca de ella.
Como podemos ver Harpagón no es solo un personaje avaricioso, sino también desconfiado, llegando a dudar de la confianza de sus siervos e incluso de sus propios hijos a lo largo de la historia, pensando constantemente que le roban dinero. Además el hecho de que obligue a casarse a sus hijos con personas ricas o conocidas se debe a que no se fía de ninguna persona y prefiere tener controlada su vida, pero también la de los demás.
Esta idea que nos propone Moliere, muy interesante, se puede transferir a nuestro mundo actual y como la avaricia sigue siendo el circulo vicioso, que en mi opinión, mueve el mundo sin importar los sentimientos o las emociones de las personas. Se podría decir que Moliere es un gran adelantado a su época o que el mensaje que nos da, porque la moraleja creo que no la hemos aprendido, sigue vigente en la sociedad del día a día y como al final es el propio dinero lo que parece que mueve todo, incluido nuestra felicidad. Aunque esta última cuestión la debatiré a continuación.
Podemos pensar que Harpagón debe vivir una vida feliz con todo el dinero que tiene, pero, sin embargo, es tan grande su avaricia que, al final, recae en su vida, convirtiéndose en un tormento. Muchos de nosotros creemos, en nuestra vida presente, que el dinero es sinónimo de felicidad, cuando en verdad, según mi opinión, no es nada más y nada menos que un medio por el cual obtenemos bienes y servicios y pagamos nuestras obligaciones. Sin embargo nuestro dinero, por mucho que sea más o menos, no define nuestra felicidad. Por supuesto que tener dinero es importante para poder vivir y tener una vida más o menos digna, pero los momentos felices e inolvidables que tu mente va a guardar para siempre son aquellos que pasas con tu familia y amigos haciendo las cosas que verdaderamente os gustan sin importar el dinero u otros factores.
Por ejemplo hay un momento muy interesante en la historia cuando Harpagón está preparando el banquete para Mariana y los demás invitados, en el que Maese Santiago, cocinero y cochero de Harpagón, le pide a su amo dinero para preparar un gran banquete y este se escandaliza por lo que le está pidiendo. Finalmente Valerio, sale en defensa de Harpagón diciendo una frase muy avariciosa que termina con el conflicto: "Hay que comer para vivir, y no vivir para comer". Con esta frase lo que se quiere decir es que hay que comer para poder vivir pero lo que no se pude hacer es vivir para comer, es decir hay que comer lo justo y lo necesario para tampoco tirar el dinero. Esta frase es completamente avariciosa y desde mi más humilde opinión, obviamente no siempre puedes hacer grandes banquetes, comidas especiales o grandes eventos o festejos, pero si es un día especial o un plan improvisado con tu familia y amigos y te puedes permitir ese lujo, creo que no pasaría nada por hacerlo. El dinero al final es algo necesario para poder subsistir pero eso no quita que tengas que guardártelo todo y no puedas disfrutar de tus cosas favoritas con ello.
Y así es este mundo, completamente capitalista, al que solo le importa el dinero y no nuestra felicidad y sentimientos. Un mundo que se rige por el dinero y conseguir cada vez más y más sin importar el daño que hagas a otras personas en beneficio propio. Es el caso de Harpagón, que aunque él no lo vea, hace daño a sus personas más cercanas alentado por su fuerte avaricia con el dinero y sus actos bellacos. Harpagón no es consciente del control que ejerce en la vida de sus hijos y de las demás personas. Incluso, cuando Frosina habla con él para casarse con la joven Mariana, Harpagón duda de si casarse con ella por su nivel económico, y no es hasta que Frosina le dice que no come demasiado, ni le gusta ostentar ropa de lujo y le asegura que tiene parientes en otros países con muchos bienes, que hace cambiar de opinión a Harpagón, que seducido por los engaños de Frosina, la alcahueta asegura que Mariana siente atracción por los señores mayores y Harpagón desea conocer sin espera a su joven y amada Mariana. Finalmente la pobre alcahueta, Frosina, que pide un dinero a cambio de la ayuda que le ha otorgado, queda completamente con las manos desnudas a causa del ávaro que ni un penique suelta.
También Harpagón arremete contra su hijo Cleantes en numerosas ocasiones. En un principio por los elevados prestamos que pide Cleantes, llegando a pensar Harpagón, constantemente, que va a arruinar a su familia y a él mismo. En otro plano, padre e hijo se pelean por el amor de Mariana. Mariana detesta a Harpagón desde el primer momento que le vió, pero él, sin embargo, no está enamorada de ella físicamente, sino de la "hacienda falsa" contada por la alcahueta; mientras que Cleantes y Mariana si están enamorados el uno por el otro y pretenden huir juntos para poder vivir una vida mejor alejada de la avaricia de Harpagón. Aquí podemos ver claramente el amor de verdad y el amor por interés. Cleantes representa ese amor de verdad, que con ayuda de los préstamos intenta sacar a Mariana de la situación que está padeciendo en su casa con su madre enferma, y poder darle una vida mejor y huir juntos; sin embargo, Harpagón representa ese amor de interés en el que únicamente el dinero y los bienes lo son todo en vez de las personas y sus sentimientos. Harpagón está completamente obcecado en los bienes de Mariana creyendo que de ellos puede aumentar su hacienda, cuando es todo completamente falso.
Tristemente gran parte del mundo real funciona así y como el ser humano es avaricioso por naturaleza, en mi opinión, si tenemos la posibilidad de casarnos con una persona de clase baja, media o un multimillonario, creo que todos tiraríamos por la tercera o última opción. Con esto no quiero decir que todos seamos así, pero parece que cada vez más nos fijamos en el rostro del dinero, en vez del rostro de los sentimientos. Parece que nos avergüenza salir con personas que tal vez no tienen los bienes suficientes o pueden permitirse ciertos lujos, no vaya a ser que me vean salir con un tío o una tía con poca pasta y me miren raro. Tristemente el nivel socioeconómico en el mundo es un problema mundial que deberíamos paliar todos juntos para que ninguna clase social pueda ser menospreciada por sus bienes económicos
Cuando Valerio es interrogado se produce un momento muy interesante de equivocación y comparación. Valerio cree que Harpagón se ha enterado del enamoramiento de su hija y afirma que si que la quiere y no se desprendería de ella jamás; pero Harpagón, repleto de avaricia por todo su cuerpo, cree que Valerio se refiere al dichoso cofre. Harpagón ha llegado a tal acto de locura que finalmente cree que todo gira en torno al cofre, algo que pasa en el mundo actual donde los grandes multimillonarios solo viven por y para el dinero. Finalmente tras llegar a entenderse, Harpagón se escandaliza y no pretendería que su hija se casase con un hombre de poco provecho que no tiene nada para ella, y la advierte que la encerrará en un convento mientras deja colgado a Valerio. Otra vez podemos observar como Harpagón pretende controlar la vida de quienes le rodean.
Entonces aparece Anselmo, el supuesto pretendiente de Elisa, mientras Valerio no entiende porque se le acusa y habla de su gran linaje. Cuando cuenta toda su historia, Mariana, allí presente, se da cuenta de que Valerio es su hermano, el cual tras el naufragio fue rescatado y criado por un capitán español. Anselmo, en ese momento, se da cuenta de que ellos dos son sus hijos, mientras que ellos creían que su padre estaba muerto, y se abrazan los tres.
La historia termina con Cleantes apareciendo y confesando a su padre que él miso robó y escondió el cofre y no se lo devolverá hasta que la deje casarse con Mariana. Sin embargo, Mariana ahora necesitaba el respaldo de su padre, Anselmo, que la apoya en todo momento. Harpagón nervioso quiere ver el cofre y recuperar lo que era suyo pero asegura no poner ningún centavo en la boda. Anselmo le dice que por eso no se preocupe, que él mismo financiaría la boda. La familia reunida finalmente se va a casa a ver a su madre enferma y el avaro Harpagón a contemplar su gran cofre con mucha avaricia y pocos sentimientos.
La historia termina con un final feliz, tanto para Cleantes y Mariana, para Valerio y Elisa (creemos que también) y sobre todo, para Harpagón que sigue manteniendo su querido cofre, pero sigue siendo igual de avaro e infeliz que siempre. Así que ya sabes mejor compartir y no ser tacaño, si quieres ser feliz y no sufrir daño.






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